Ana María Martínez Sagi, una pionera olvidada

Hoy no vamos a recomendaros un libro, porque no lo tenemos, ni siquiera está agotado… No, hoy vamos a contaros una historia.

Érase una vez, una chica llamada Ana María Martínez Sagi. Seguramente no os suene de nada, y ése precisamente es el problema, que no nos suene de nada a casi nadie.

Ana María murió sola en una residencia de ancianos en Santpedor, a los 93 años cuando el siglo XX estaba ya mudando en XXI. Un final tristísimo para una pionera, porque era una pionera, en muchísimos ámbitos.

Ayer la conocí porque mientras conducía escuché en la radio unos versos, un poema que narraba con crudeza los horrores de la guerra. Y tras esos versos, contaron su historia. Esa mujer fue educada para ser una perfecta esposa de un marido, se le prohibió hacer casi todo, como a casi todas las mujeres nacidas a principios del siglo pasado. Pero ella escribía de todo, incluidos maravillosos poemas, y además se enamoró de otra escritora llamada Elizabeth Mulder, hasta que su familia se enteró y la obligaron a dejar ese amor, y a quemar su correspondencia. Un amor que ella definió como «Su gran amor prohibido, perdido y nunca olvidado».

Martinez Sagi terminó rompiendo con su familia para poder ser libre, se hizo periodista, practicó deporte, fue campeona nacional de lanzamiento de jabalina y fue la primera mujer del mundo en ser directiva de un club de Fútbol, en concreto del Barcelona allá por el año 34. Llegó a publicar dos poemarios en esa época, y otro un tiempo más tarde ya en Francia. Cuando estalló la guerra civil española se hizo cronista de la guerra. Como periodista estuvo con Bonaventura Durruti quien la apodó «la aristócrata». Y cuando la guerra la obligó a irse, éste le regaló su pluma de oro con palabras de afecto.

Ana María se exilió a Francia donde llegaron tiempos muy duros: dormir en la calle, ejercer de pintora callejera, trabajar de pescadera… cuando los nazis llegaron se unió a la resistencia y ayudó a franceses y judíos a huir hacia el sur del país para poder salir de forma segura. Tras su segunda guerra, estuvo un tiempo en Francia, luego en Suecia, y en los años 50 se fue a EEUU donde ejerció de profesora de Español y Francés en la Universidad de Illinois.

Tras la muerte de Franco volvió a España, ya jubilada, para encontrarse que aquella España la había olvidado por completo y que su vuelta fue ignorada.

Su historia fue rescatada por Juan Manuel de Prada, quien tras mucho insistir (a él le dijo una frase tremenda «¿Por qué quieres resucitar a un muerto?») pudo conocerla y a quien entregó una cantidad enorme de trabajo sin publicar. A ese trabajo, dijo el escritor, le ha dedicado más tiempo que a cualquiera de sus novelas.

Sabéis que aquí insistimos muchísimo en publicitar libros de, y para, mujeres. La historia tiene una deuda con ellas. Por eso hoy usamos nuestro pequeño espacio para contar algo de su vida, y desde aquí pedimos que, por favor, alguien publique sus poemarios. Si el resto de la obra es como los versos que recitaron ayer en la radio, es sin duda una poeta que merece un espacio en la historia por mérito propio, además del que merecería por haber abierto tantos caminos vetados a las mujeres en una época tan dura para su género. Un talento enorme, un valor increíble, y una vida de película. Una heroína desgraciada anónima para casi todos nosotros.

Las fotos son del archivo del ABC.

La vida de esta mujer inspiró una novela a Juan Manuel de Prada, donde mezcla realidad y ficción pero ella es un personaje central. Desgraciadamente, tampoco esa novela está ya disponible. Se titulaba «Las esquinas del aire», por si podéis encontrarla en una biblioteca.